




Esta mansión imponente pensada por sus antiguos dueños, la familia Pereyra Iraola, como un casco de estancia, fue construida en 1932 por el arq. José Mille. Su gran amplitud nos lleva a recordar palacios como los de Loire o Versalles, ya que por donde se lo mire está representado el clasicismo francés en estado puro. Por todas estas características se la considera única. Con una superficie cubierta de 3900 metros cuadrados y más de 400 metros de terrazas, recorrer Casa Abril es una experiencia inigualable. En la planta baja se encuentran grandes salones centrales rodeados por amplias galerías y corredores internos, muros altísimos de piedra y un fumoir revestido con bibliotecas y boiserie, otro de sus detalles a resaltar son sus chimeneas con mármol tallado a mano, traído directamente desde Europa, y escaleras acompañadas con vitraux antiguos y barandas de hierro forjado. Yéndonos a su planta alta podemos hallar nueve habitaciones y cinco baños que ofrecen un despliegue de vistas hacia distintos sectores del parque. También nos topamos con su terraza y, más arriba, las mansardas destinadas originalmente para el servicio nos enseñan nueve habitaciones más con cuartos de lavado y planchado de envidiables proporciones. El sótano recorre toda la superficie de la propiedad, mantiene una cocina industrial a leña original de la época, una capilla y hasta un calabozo. Toda la fachada principal de la casa mira hacia el parque centenario y un gran estanque flanqueado por dos valiosísimos cisnes realizados en una pieza de mármol tallado, una vista que fue planeada por el prestigioso paisajista alemán Hermann Botrich. Las tres hectáreas que comprenden esta maravillosa propiedad hoy son parte del Club de Campo más importante de la zona sur de Buenos Aires.