San Bartolomé

Vivir en San Bartolomé

Iyna Bort Caruso

Si el principado de Mónaco fuera mágicamente trasportado del Mediterráneo al Caribe, daría una sensación parecida a la que inspira San Bartolomé.

San Bartolomé es el lugar donde todo brilla, una capital de la moda y la cultura en miniatura con un aire de lo mejor de Europa. A solo diez minutos de vuelo del aeropuerto Juliana de St. Martin, esta isla de las Indias Occidentales francesas es famosa por su suntuoso estilo de vida de villas y gigantescos veleros, bellísimas playas y frondosos jardines tropicales.

Se dice que Cristóbal Colón fue el primer europeo en “descubrir” la isla en 1493. Él le dio el nombre por su hermano Bartolomé. Pasaron unos cientos de años hasta que a mediados del siglo XX, los del tipo de los Rockefeller y los Rothchild adquirieron, construyeron recoletas residencias y transformaron este lugar en paraíso del jet set.

Y sin embargo, no es destino de multitudes que llegan en gigantescos aviones. La geografía ondulada de esta isla volcánica se encarga de eso. Una pequeña pista de aterrizaje solo alcanza para pequeñas aeronaves, lo cual explica por qué San Bartolomé se las ingenia para preservar su aire de lugar exclusivo.

En San Bartolomé hay 22 playas públicas para todos los gustos: apacibles y desiertas; apropiadas para niños; ideales para surfistas y buceadores; de aguas calmas y transparentes.

Espléndidas propiedades residenciales salpican esta isla de 8 millas cuadradas, desde elegantes apartamentos que asoman a la bahía de la ciudad capital de Gustavia a recoletas mansiones construidas a medida en las colinas de Lurin y Gouverneur.

Entre las propiedades hay mansiones de estilo plantación con generosos espacios exteriores, complejos de casas de estilo colonial, residencias modernas y casas que rinden culto a las tradiciones arquitectónicas de las Indias Occidentales.

Estadounidenses y europeos dominan el mercado de propiedades residenciales de vacaciones. El mercado de propiedades de lujo ha permanecido estable por el limitado desarrollo inmobiliario y la escasez de propiedades residenciales que se ofrecen. Los precios varían muchísimo; van desde alrededor de 1 millón hasta 50 millones de euros.